Mantenerse ocupado o trabajar

Después de una semana dura de trabajo, convendría preguntarse si hemos conseguido algo. Y es que muchas veces, como señala este post confundimos trabajar con estar ocupados. A simple vista no parece haber diferencia, pero sí que la hay:

El trabajo de verdad es lo que hace avanzar el negocio. Además, implica retos y dificultades, con lo que se encuentra con resistencia mental a hacerlo. ¿Cuántas veces nos hemos entretenido en hacer tareas mundanas por no afrontar una tarea difícil? Mantenerse ocupado de forma artificial puede ser una estrategia para evitar dedicarnos al trabajo importante.

El trabajo de verdad implica planificación y reflexión. Por eso, estar ocupado se parece al trabajo, porque es más inmediato y da más impresión de obtener resultados que estar sentado pensando. Pero pensando conseguimos más: “Cada minuto empleado en planificar, ahorra 10 en ejecución”

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¿Cómo saber si estamos trabajando o simplemente manteniéndonos ocupados? Hay que estar atentos a estas señales:

  • El trabajo nos agobia (pero no nos supone un reto).
  • Hacemos algo que podría hacer alguien a nuestro cargo (es decir, trabajamos por debajo de nuestra capacidad).
  • No tenemos tiempo para ejecutar tareas que son importantes.
  • No tenemos tiempo para detenernos y pensar.
  • Nuestro ámbito temporal es exclusivamente aquí y ahora, en lugar de futuro cercano, medio o largo plazo.

Si esta es la situación, hay que enfrentarse al trabajo de otra manera. Brett Harned comenta algunas reglas básicas para conseguirlo. Aparte de las obvias y ya comentadas por aquí (no obsesionarse con el correo o planificar cada día), aparecen otras interesantes:

  • Concentrarse en una sola cosa a la vez: la multitarea no funciona, y es mucho más efectivo dedicar todos los esfuerzos a la tarea en curso, sin distracciones de ningún tipo.
  • Encontrar la hora del día en la que somos más productivos: para unos será la mañana, para otros el final de la tarde… el caso es que si sabemos que en cierto momento del día tendremos la energía suficiente para resolver asuntos pendientes, hay que proteger esas horas y dedicarlas al trabajo de verdad (y no a mirar correo, por ejemplo).
  • Planificar lo inesperado: por mucho que queramos, nos vamos a encontrar con dificultades e interrupciones. Así que, ya que lo sabemos, tengámoslo en cuenta y planifiquemos en consecuencia: guardándonos las espaldas ante cualquier contingencia que nos pueda interrumpir.
  • Aprender a decir que no: como decía un profesor de mi carrera, todo ingeniero debería ensayar un buen “no” cada mañana delante del espejo. Por mucho que queramos ayudar, meternos en compromisos sólo va a conseguir que no le dediquemos tiempo al trabajo que tenemos que hacer, lo que nos ofrece de nuevo la excusa para mantenernos ocupados y no sacar adelante trabajo real.
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