Mantener el balance

La vida no es sólo trabajo, y la productividad no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar objetivos que de verdad nos importen. Y esos objetivos deberían ser tanto profesionales como personales. En esta entrada de Matt Might aparecen varias reflexiones sobre cómo alcanzar el balance adecuado entre la vida personal y la laboral. Apunto las más interesantes:

Balance

Imagen de henrikj

Establecer claramente prioridades

Hay que establecer claramente las prioridades que tenemos en la vida. Aunque parezca mentira, es demasiado fácil poner el trabajo antes que todo lo demás.

Si factores como “salud”, “felicidad” o “familia” están por debajo de objetivos profesionales, tus prioridades a largo plazo no son estables.

Buscar la eficiencia

Trabajar más y dormir menos no es la solución. La solución tampoco es trabajar menos, sino ser más eficiente. Si la ecuación del trabajo es resultado = unidad de trabajo/hora × horas trabajadas, hay que concentrarse en mejorar la primera parte. A la hora de pensar en el trabajo, si tenemos más en mente lo que no hemos podido hacer por el trabajo que lo que hemos hecho, quizás le estamos dando más peso al segundo factor que al primero.

Evitar el perfeccionismo

La perfección es buena como guía, pero hay que tener claro que es inalcanzable. Además, el perfeccionismo hace aumentar la carga de trabajo porque nos impide delegar y nos hace dedicar más tiempo del necesario al trabajo.

La perfección es un proceso; no un destino.

Fijar y aplicar límites

Es necesario fijar límites para mantener el balance entre el trabajo y la vida personal, y si es necesario, aplicar esos límites de forma estricta. Puede resultar difícil, pero a medida que nos acostumbremos a ellos, nos forzaremos a completar el trabajo para cumplirlos.

Reducir los compromisos

Lleva mucho menos tiempo comprometerse a hacer algo que hacerlo realmente, así que hay que aprender a decir que no (nota personal: ese aprendizaje puede llevar mucho tiempo 🙂 ).

Usar un sistema

La idea no es tanto el sistema en sí que utilicemos sino que nuestra forma de abordar el trabajo sea sistemática, y por tanto repetible, mecanizable e idealmente instintiva. El cerebro vive más tranquilo cuando no tiene que tomar decisiones cada dos por tres sino que tiene claro qué hacer en cada momento; un buen sistema debería tender a esa situación (ya hablaremos de sistemas en un futuro).

Tener hobbies

Hasta los mejores trabajos pueden producir estrés, y tener aficiones fuera del trabajo es una de las mejores formas de liberar ese estrés.

Comunicarse

Cuando estamos estresados, hay que decirlo. Ayuda a liberar parte del estrés, y también a que los que nos rodean (compañeros de trabajo o familia) nos puedan ayudar o dar apoyo.

Confiar en la telepatía es la mejor forma de arruinar una buena relación.

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