Si el trabajo te agobia, toma buena nota

Antes que nada la obviedad: no somos máquinas. Está claro que no podemos funcionar como máquinas, necesitamos descansar del trabajo y relajarnos de vez en cuando. Y para descansar efectivamente, hay que separar el trabajo de la “vida real”; en definitiva se trata de aplicar el mismo grado de concentración a nuestras tareas personales que al trabajo (¿a que sabéis cuántas horas dedicáis a un proyecto de vuestro trabajo? Pero ¿a que no sabéis cuántas horas dedicáis a ver la tele? Ya llegaremos a eso).

Establecer ese límite entre el trabajo y la vida personal es complicado, e incluso cuando lo tenemos oficialmente, la cabeza sigue pensando en el trabajo. Por culpa de uno de esos recovecos insospechados del cerebro, bautizado como efecto Zeigarnik, tendemos a recordar mejor las cosas que no están acabadas. El corolario es que no podemos olvidarnos de las cosas pendientes. Y así, después del trabajo, seguimos dando vuelta a nuestras tareas pendientes.

Foto de robstephaustralia

Pues bien, os propongo una pequeña solución para remediar esto. Y aunque no somos máquinas, las máquinas son invenciones humanas, y su manera de funcionar se basa en el comportamiento humano. Así que vamos a utilizar un concepto de los ordenadores para jugar con nuestro cerebro: el cambio de contexto.

La idea es muy sencilla: aunque no lo parezca, un ordenador sólo puede ejecutar una tarea a la vez. Lo que sí puede hacer muy rápido es cambiar entre tareas, de modo que aparenta hacer todas ellas simultáneamente. Y cada tarea tiene unos datos distintos, así que tiene que guardar de alguna forma esos datos antes de pasar a la siguiente tarea; de este modo, cuando vuelve a la tarea original, recupera el contexto en el que estaba y sigue como si no hubiese pasado nada (como poner un marcador en un libro que estemos leyendo).

Nosotros también podemos aplicar este cambio de contexto, solo que limitándolo a dos grandes bloques, trabajo y ocio: al terminar de trabajar, apuntamos lo que nos ronda por la mente:

  • cosas que hacer,
  • tareas,
  • recordatorios,
  • preocupaciones…

De esta forma nuestro cerebro descansa, sabiendo que los cabos sueltos están documentados en un sitio que podemos consultar más adelante. Como todos los métodos, requiere constancia y disciplina, pero os puedo asegurar que a medida que se convierte en un hábito, resulta más efectivo, casi como aflojar una válvula y liberarse de preocupaciones.

¿Dónde apuntar nuestro “contexto”? Eso da para otro post…

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